Ángeles y demonios

Ángeles y demonios es la segunda novela del escritor estadounidense Dan Brown, publicada en el año 2000. Esta novela gozó de un éxito a posteriori, gracias a su secuela, “El Código da Vinci”. Fue llevada al cine en 2009.

Algunos personajes principales

El protagonista del libro Ángeles y Demonios es un profesor de simbología religiosa llamado Robert Langdon. Está ayudando a Maximilian Kohler, físico de partículas y director del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), y a Vittoria Vetra, también investigadora del CERN. El camarlengo del Vaticano, Carlo Ventresca, tiene un papel importante en la trama.

Género de la obra

Ángeles y demonios es una novela de suspenso, muy al estilo de las historias de intriga internacional. Su principal mérito es atrapar al lector gracias a una trama interesante, y a giros inesperados. La mayoría de críticas que ha recibido no atacan su calidad, sino al hecho de que el autor presenta como ciertas algunas afirmaciones científicas, o datos históricos, que eventualmente ha debido corregir al ser inexactos.

Resumen del libro Ángeles y demonios

En una oficina del CERN, el director Kohler halla el cadáver de uno de sus físicos más respetados, Leonardo Vetra. Le llama la atención que el científico tenga grabada a fuego, en su pecho, la palabra “Illuminati”, en forma de ambigrama (monograma diseñado para poder leerse de una manera, y que se lea lo mismo si se gira 180°). De modo que contacta con el profesor Robert Langdon, profesor de simbología religiosa, y una autoridad sobre el tema. También se comunica con la hija adoptiva del físico, Vittoria Vetra.

Descubren que ha sido robado del CERN un contenedor que tiene dentro doscientos cincuenta miligramos de antimateria producida en el laboratorio. El contenedor tiene un seguro electromagnético que, si es desactivado, deja un margen de 24 horas antes de que la antimateria entre en contacto con la materia ordinaria, y genere una gran explosión producto de la aniquilación.

Todo esto está relacionado con el reciente fallecimiento del Papa, y el consecuente cónclave para elegir a su sucesor. Langdon, que ayuda a la policía y al camarlengo del Vaticano, deduce que la secta de los Illuminati quiere usar el contenedor de antimateria para llevar a cabo un acto terrorista en el marco del cónclave, y torcer la elección. Se suma a ello que los cuatro cardenales con más probabilidades, han sido secuestrados. En estas condiciones, él y Vitoria analizan la información de que disponen.

Langdon y Vetra, con el tiempo en contra, buscan a los cuatro cardenales en diferentes sitios que han deducido, relacionando cada sitio con uno de los antiguos elementos: aire, fuego, tierra y agua. Pero el asesino que los tiene secuestrados va un paso delante de ellos, y llegan tarde a todos: cada cardenal aparece muerto de una manera relacionada con alguno de los cuatro elementos, y marcado con el ambigrama correspondiente. El asesino es el mismo que mató a Leonardo Vetra, contratado por los Illuminati, y probablemente haya escondido la antimateria.

Se hace público que el Papa había sido envenenado, y Vittoria, que ha ido a comprobar esta versión es secuestrada por el asesino. Langdon va a tratar de rescatarla, y junto con Vitoria consiguen darle muerte. Deduciendo que Kohler ha sido quien contrató al asesino, y que se dispone a matar al camarlengo, ambos acuden a San Pedro en su ayuda, con apoyo de la Guardia Suiza. Llegan a tiempo de ver cómo al camarlengo le han hecho la marca en el pecho, y a Kohler apuntándole con un arma; así que los guardias disparan al director del CERN. Kohler alcanza a entregar a Langdon una cámara, de video, pidiéndole que la entregue a los periodistas.

A salvo, Ventresca se dispone a salir de la Basílica, cuando inexplicablemente se regresa a la Basílica y saca de la tumba de San Pedro el contenedor con antimateria. Con escasos minutos, sube al helicóptero que lo llevaría al hospital, exigiendo al piloto que se baje. Langdon lo acompaña, a lo que el camarlengo no se opone.

Una vez a buena distancia, Langdon le indica que arroje el contenedor lejos de algún centro poblado, pero por toda respuesta, Ventresca toma el único paracaídas y salta del helicóptero. Cuando el aparato explota, la conmoción es grande, pero más grande es cuando el camarlengo surge triunfal en la basílica, y la gente congregada lo aclama. Mientras tanto, Langdon ha podido salvarse también al usar el parabrisas del helicóptero como paracaídas, cayendo en el río Tíber. Luego de ser conducido a un hospital, recupera la cámara, cuya grabación incriminaba a Ventresca, como cabeza de una conspiración para torcer el cónclave y ser electo Papa por aclamación. Se revela además que Ventresca era hijo del Papa asesinado, aunque había sido concebido mediante inseminación artificial. Langdon reaparece con las pruebas, que son mostradas a las autoridades, tanto civiles como del Vaticano, y Ventresca es atrapado, pero escapa y se incinera a sí mismo en el balcón de la Basílica.

Resuelta la conspiración, y con un nuevo Papa elegido, la novela concluye con una escena romántica con Robert y Vittoria.

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