El fantasma de Canterville


El fantasma de Canterville es una obra del escritor y dramaturgo irlandés Oscar Wilde. Es un cuento de siete capítulos, cuya publicación tuvo lugar en febrero de 1887, en una revista literaria londinense de corta vida, llamada “The Court and Society Review”. Tiene una estructura que le ha permitido ser llevada a representaciones de teatro, radio y televisión.

Algunos personajes principales

El personaje central es el fantasma de sir Simón Canterville, que se ha dedicado desde el siglo XVI a espantar a los habitantes del castillo Canterville-Chase. La situación se trastoca cuando el castillo es adquirido por el “ministro estadounidense” Hiram B. Otis, que se muda allí con su familia, a saber, su esposa Lucrecia, su hijo Washington, su hija Virginia y los dos gemelos pequeños, que tienen por sobrenombres “Barras” y “Estrellas”, en honor de la bandera de su país.

Otros dos personajes de relevancia son la señora Umney, anciana que ha servido por cincuenta años como ama de llaves de Canterville-Chase, y el joven Cecil, duque de Cheshire, y pretendiente de la joven Virginia.

Género de la obra

El fantasma de Canterville califica directamente como cuento, escrito en clave de comedia negra (dados los elementos sobrenaturales presentes en el relato). También es correcto clasificarla como una sátira con una serie de elementos fantásticos.

Resumen del libro El fantasma de Canterville

El señor Hiram B. Otis, presentado como ministro de los “Estados Unidos”, acaba de concretar la compra del castillo de Canterville, a pesar de las advertencias del dueño, lord Canterville, acerca de que el castillo se halla embrujado por la presencia de un ancestro muerto hacía unos 300 años. Otis es sencillamente un hombre pragmático que no cree en fantasmas, y por eso, luego de la compra, hace caso omiso de la misteriosa mancha de sangre que ha aparecido en el salón principal, aunque la vieja ama de llaves, la señora Umney, les indica que la mancha es obra del fantasma. De hecho, proceden a limpiarla con un producto que han traído de los Estados Unidos.

Esa primera noche, el señor Otis oye el molesto ruido de cadenas que rechinan por los pasillos del castillo, y cuando sale a ver qué ocurre, se encuentra con el fantasma, ataviado con ropa hecha jirones y ojos centelleantes. Lejos de asustarse, el dueño de casa le ofrece al fantasma un frasco con otro producto estadounidense con el que puede limpiar las cadenas y evitar que rechinen. Indignado, el fantasma se retira, pero antes se cruza con los gemelos Otis que lo atacan con unas almohadas.

Allí comienza entonces el jocoso tormento al que es sometido el espectro de sir Simón por la familia estadounidense, que no cesa de hacerle bromas cada vez que intenta espantarlos, además del empeño con el que limpian la mancha de sangre del salón cada vez que el fantasma la repone. Esta mancha provoca un efecto curioso, toda vez que cada día aparece de un tono ligeramente distinto, hasta que llega a aparecer de color verde esmeralda, lo que provoca la aprensión de la joven Virginia.

La poca seriedad con la que los Otis se toman al fantasma provoca que éste se halle cada vez más frustrado y deprimido, hasta que casualmente Virginia, la única que no participaba de las bromas, lo encuentra solo y meditabundo en un pequeño cuarto de costura anexo al castillo. Conversando con él, se entera de los motivos por los que el fantasma no descansa, y le reclama que había estado reponiendo “la mancha de sangre” con las pinturas que ella usaba para sus cuadros.

Sir Simón de Canterville le explica que había sido un hombre violento y cruel, que había asesinado a su esposa por ser “feísima y mala cocinera”. La familia de la mujer, posteriormente, lo había encerrado y encadenado en un sótano, colocándole cerca un plato con comida y una jarra de agua, de manera de que no pudiera alcanzarlos. Encerrado de este modo, Canterville murió de hambre y nunca se supo más de él, hasta que apareció como fantasma. Pero según una profecía, encontraría la paz y descansaría por siempre si una joven pura lloraba por sus pecados y pedía por su alma. La joven resultó ser la hija de los Otis.

Virginia ayuda al fantasma a alcanzar la redención, con lo que la presencia en el castillo cesa. Sin embargo, la conversación entre Canterville y la muchacha será un secreto que mantendrá, aún después de casada.




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