El Imperio Romano

Sociedad, arte, ciencia, religión, economía.

Roma fue una ciudad-Estado que atravesó varias formas de gobierno desde su fundación. Aunque popularmente se habla de un Imperio que existió desde que Roma fue fundada, en realidad el Imperio fue la tercera forma política por la que pasó esta civilización; el primero fue una forma monárquica llamada Regnus Romanum, seguida de la República Romana. Comienza el Imperio Romano aproximadamente en el año 27 a.C.

Para el siglo I a.C., Roma se expandía enormemente, y la estructura republicana, en especial el Senado, empezó a mostrarse insuficiente para responder a las necesidades y problemas derivados de las provincias conquistadas, cada vez más lejanas. El punto de nacimiento del Imperio se considera en el asesinato de Julio César, que se había convertido en dictador vitalicio. Su descendiente, Octavio, toma las riendas del gobierno y derrota a los asesinos, para luego convertirse en el primer emperador romano.

Roma vivió su mayor expansión en los días del Imperio, llegando al máximo durante el reinado de Trajano. Este esplendor del Imperio se mantuvo durante los reinados de Adriano y Marco Aurelio.

Sociedad

La sociedad romana imperial fue una copia al calco de la sociedad republicana. Los patricios conformaban la clase alta, y los plebeyos la clase baja.

Esta situación cambió al incorporarse una nueva clase social formada por plebeyos que habían aumentado sus fortunas, conformaron una nueva clase llamada optimates.

Los esclavos podían ser considerados otra clase social. Considerados propiedad, estaban limitados al servicio de sus propietarios. Eran capturados como prisioneros en las guerras y conquistas, y comerciados como mercancías.

Pero de todos los grupos sociales del Imperio, el que más importancia tenía era el militar. El ejército romano estaba bajo las órdenes directas del Emperador, y era extremadamente organizado. Un militar de rango medio podía retirarse habiendo logrado una fortuna luego de las campañas de conquista.

imperio romano

Economía

La economía romana se sustentaba en el comercio, la agricultura, la ganadería y el trabajo de los esclavos. Un imperio militar de tal envergadura obtenía grandes riquezas de las provincias bajo su dominio, y del trabajo de esclavos, que por supuesto no percibían remuneración. Las vías, que los romanos construían profusamente, facilitaban grandemente el comercio.

Arte y cultura

Del arte romano lo más notable está en la arquitectura y la escultura. Obras monumentales donde destacan el Coliseo, y los diversos sistemas de acueductos, construidos a lo largo del Imperio, son muy destacables, hasta el punto de que se conservan hoy día.

imperio romano - el coliseo

El Coliseo

Ciencia

Roma se vio grandemente favorecida por la herencia científica que le dejó la cultura griega. Sin embargo, no abordaron la ciencia con el sentido filosófico que tenían los griegos, sino con un sentido más orientado hacia la solución de problemas prácticos: construcción de palacios, fortificaciones, acueductos y caminos. Aplicaron la astronomía a la confección de calendarios.

Religión

En la religión romana se rendía culto a varios dioses, la extensa mayoría de ellos adaptados sin muchos cambios de la cultura griega: Júpiter es la versión romana de Zeus, Juno sería Hera, Venus sería Afrodita, Neptuno sería Poseidón, entre otros.

imperio romano - neptuno

Escultura de Neptuno, dios del mar

Como en la cultura griega, cada deidad regía sobre una región o actividad humana específica. En las regiones conquistadas había libertad de que los habitantes autóctonos conservaran sus creencias y costumbres religiosas.

Cerca del final del Imperio, hubo algunos emperadores que llevaron a cabo persecuciones y purgas contra los primeros cristianos. Sin embargo, es posible que estas persecuciones estuvieran enmarcadas dentro de la evidente inestabilidad política que ya vivía Roma.

Importante es el hecho de que el Emperador era considerado como una deidad, incluso en vida.

Decadencia

A partir de Diocleciano, el Imperio entró en una etapa de inestabilidad que destruyó desde dentro sus instituciones. El deterioro fue en aumento hasta que Teodosio divide el Imperio en el siglo IV, entre sus hijos Honorio (occidente) y Arcadio (oriente).

El Imperio Occidental sucumbe eventualmente a las múltiples invasiones de los pueblos vecinos, y se desintegra en el 476. El Imperio Oriental se instala en Bizancio, convirtiéndose en lo que posteriormente se conoció como Imperio Bizantino.

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