La Celestina

La Celestina es una obra compuesta en clave de comedia, y cuya autoría se atribuye tradicionalmente al español Fernando de Rojas, que pasó a la historia como escritor por esta obra, aunque fue más conocido en sus días como jurista. “La Celestina” ha sido el nombre con el que la obra ha pasado a la historia, aunque originalmente se le conocía cono “Tragicomedia de Calisto y Melibea”. La autoría de Rojas ha sido largamente cuestionada en círculos académicos, así como la fecha de su publicación original: la más aceptada se remonta a 1499. Tuvo un éxito temprano, y al mismo tiempo fue objeto de la reprobación de sectores religiosos que causaron en 1632 su inclusión en el “index” de libros cuestionables, hasta su prohibición en 1792.

Algunos personajes principales

El personaje central es la alcahueta y antigua prostituta Celestina, que posibilita la unión de los amantes: Calisto, díscolo joven de alta sociedad, y Melibea, rebelde joven de extracción aristocrática, hija de Pleberio y Alisa. Los criados de los personajes tienen participación crucial, como las prostitutas Elicia y Areúsa, a las órdenes de Celestina. Melibea tiene una criada llamada Lucrecia, que la envidia; en tanto que Calisto tiene a sus órdenes a dos personajes disímiles: el juicioso Pármeno y el cínico Sempronio.

Género de la obra

El argumento de La Celestina es bastante adecuado al título que lleva: Tragicomedia, o tragedia al mismo tiempo que comedia. Las diversas opiniones que suscita La Celestina alcanzan hasta la naturaleza misma de la obra, ya que no queda claro si su intención es sólo divertir, si hay un propósito moralizante, o si se pretende lograr una reflexión en el lector. Del mismo modo, la estructura de la obra pareciera ser la de una pieza teatral, aunque la redacción no se ciñe al formato del género. A pesar de ello, ha sido adaptada al teatro sin demasiados inconvenientes.

Resumen del libro La Celestina

Calisto es un joven acomodado, bastante díscolo y superficial, dedicado a su propia satisfacción. Practicando la cetrería, uno de sus halcones vuela al huerto de una casa. Calisto va en su busca, y allí se encuentra con la joven Melibea, de la cual queda prendado, y a la que ofrece su amor. Pero la joven no se deja convencer.

Uno de los criados de Calisto, el inescrupuloso Sempronio, le sugiere recurrir a los “servicios” de una alcahueta: Celestina, que además maneja un burdel, pero que se encarga de organizar las condiciones para reunir amantes. Pármeno, otro sirviente de Calisto, desaconseja esta idea, pero es rechazado por Calisto y Sempronio, entre amargas burlas.

Celestina se hace pasar por vendedora, con lo que logra acceder a la casa de Melibea. Mediante un hechizo atrae la voluntad de la joven y hace que se enamore de Calisto. La alcahueta procede a concertar un encuentro entre los amantes. Los sirvientes de Calisto son recompensados gozando del favor de Elicia y Areúsa, prostitutas que trabajan para Celestina.

La recompensa que recibe la alcahueta de parte de Calisto, despierta la codicia de los sirvientes, y un conflicto en el que terminan asesinando a Celestina. Pero el crimen es descubierto y los criados ejecutados.

Elicia y Areúsa planean entonces vengarse de Calisto, a quien culpan de haberlas dejado solas: sin mentora y sin amantes, para lo que contratan a Centurio, un matón local. Este se dirige a matar al joven aprovechando que se encuentra con Melibea, pero no pasa de formar un alboroto en  la calle con su intento. Calisto intenta escurrirse trepando el muro del jardín, pero cae del mismo y muere. Ante tal tragedia, Melibea decide suicidarse. Alisa, la madre de la joven, muere tras la impresión.

La historia cierra con el lamento de Pleberio ante la trágica circunstancia que ha tenido que vivir.




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