Los anticiclones y las depresiones

La presión del aire atmosférico, parámetro del clima que es menos «patente» para nuestros sentidos, resulta determinante en la previsión meteorológica. Su desigual distribución origina los vientos.

Presión y campo de presión

La presión atmosférica se mide en el suelo y en distintas altitudes: cuanto más se asciende, más disminuye la presión. Posee un valor medio de unos 1000 hPa (hectopascales) en la altitud 0, aproximadamente 850 hPa a 500 m, 200 hPa a 12 km y 10 hPa a 60 km. Pero la presión varía también en el plano horizontal. De esta forma, se distinguen unas zonas de altas presiones (anticiclones) y otras de bajas presiones (depresiones). Se crean entonces unas fuerzas horizontales que tienden a compensar tales desigualdades: los vientos.

Los anticiclones

En un anticiclón asciende la presión y desciende el aire (llamado descendente). Este aire impide la formación de nubes, por lo que, en general, el clima es agradable.

De forma muy esquemática, existen dos zonas de altas presiones permanentes en cada hemisferio: la primera se sitúa siguiendo la vertical de los polos y la segunda en las latitudes subtropicales.

Los anticiclones polares, generados por el aire frío, denso y estable que domina por encima de los polos, son poco densos, ya que desaparecen hacia los 1500 m de altitud y se intensifican en invierno.

Los anticiclones tropicales, correspondientes a la rama descendente de la célula de Hadley, forman un cinturón especialmente estable sobre los océanos; por encima de los continentes se intensifican en invierno (el aire frío, más denso, combina su efecto con el de la subsidencia dinámica) y se atenúan en verano, cuando las capas bajas se calientan bajo el efecto de los rayos solares.

El experimento de Torricelli

En 1643, Torricelli, que había sido ayudante de Galileo, llevó a cabo un experimento que demostró la existencia de la presión atmosférica. Por medio de un tubo lleno de mercurio estableció que el aire pesaba. Este experimento dio origen al barómetro, instrumento empleado para medir la presión atmosférica.

Las depresiones

Las depresiones, o zonas de bajas presiones, son móviles y versátiles. En ellas el aire es, en general, ligero, y por lo tanto ascendente. A nivel del ecuador, y también hacia los 500 o 600 de latitud de cada hemisferio se sitúan unas zonas de bajas presiones casi de forma permanente. En el primer caso, corresponden a la rama ascendente de la célula de Hadley y al calentamiento de las capas bajas de la atmósfera. En las latitudes medias, las bajas presiones se deben a la rama ascendente de la célula de Ferrel y se sitúan aproximadamente bajo el jet-stream subtropical.

Las depresiones, de origen dinámico, pueden adquirir mayor intensidad al pasar por encima de corrientes marinas cálidas. Son extraordinariamente móviles y se desplazan a partir del noroeste en el hemisferio norte y del suroeste en el hemisferio sur. Por otra parte, en verano se forman depresiones estacionales a causa de la ascendencia térmica del aire en los continentes cálidos de latitudes tropicales y templadas, y, durante la estación cálida, por encima de los océanos de la zona intertropical (son las causantes de los ciclones tropicales).

Los movimientos

Las diferencias de presión generan fuerzas de compensación: los vientos. Cuando éstos se dirigen desde los anticiclones hacia las depresiones presentan, a veces, movimientos de difícil percepción a causa de la fuerza de Coriolis. En el hemisferio norte, el aire gira en el sentido de las agujas del reloj en un anticiclón, y en sentido contrario en las depresiones.

Las altas presiones asociadas a los anticiclones no facilitan la formación de nubes, pero tampoco la impiden totalmente.




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