Los estragos de la pesca

El rápido progreso en las técnicas de pesca no ha supuesto un incremento de la pesca selectiva, sino que tanto aves como mamíferos, tortugas y pequeños peces están siendo diezmados, más que nunca por los modernos procedimientos empleados.

Técnicas eficaces, pero destructivas

Los medios de detección (radar, sonar, etc.), permiten a los modernos barcos de pesca detectar y posicionarse encima de los bancos de pesca con gran precisión. La flota mundial cuenta con numerosos buques factoría en los que se efectúa todo el proceso, desde la pesca hasta la congelación, por lo que estos barcos permanecen permanentemente sobre las zonas de pesca. Por otro lado, algunos métodos de pesca artesanales se han vuelto especialmente devastadores debido a su práctica abusiva. Así, en los entornos coralinos se suele utilizar la dinamita o el cianuro (en Filipinas, se utilizan cada año 150 toneladas de cianuro), al tiempo que las langostas son el objetivo de ejércitos de submarinistas equipados con botellas.

Las reservas pesqueras están sobreexplotadas

Según la F.A.O. el 60 % de las pesquerías mundiales están mal o nada administradas, y el 35 % están sobreexplotadas. Alrededor del 25 % de los peces que se pescan son devueltos al mar, más muertos que vivos, por ser demasiado pequeños.

En el caso de los peces de alta mar, con un área de distribución muy extensa, los efectos de la pesca pueden verse compensados por una mayor fecundidad, por lo menos mientras dispongan de plancton. Pero en los peces de gran tamaño, de crecimiento lento y fecundidad más baja, esto no es posible. Las especies de hábitat limitado o las que acuden en grandes cantidades a zonas restringidas para reproducirse, pueden hallarse en peligro muy pronto.

El bacalao, una especie muy amenazada

El bacalao (Gadus morhua) se halla en una situación crítica en aguas europeas. En el último cálculo se registraron 38,000 toneladas de especímenes sexualmente maduros, mientras que en 2001 dicha cifra era de 51,000 toneladas. Harían falta entre cinco o seis años de prohibición total de la pesca para recuperar un nivel de población viable.

Daños colaterales desastrosos

Pero los mayores daños causados por la pesca comercial son consecuencia de sus efectos indirectos. Así, los barcos arrastran las redes por el fondo marino, destruyendo las poblaciones de invertebrados y de larvas que viven en él. Por ello, las redes de deriva son muy peligrosas, pues estos muros verticales que alcanzan los 2,5 km de longitud atrapan todo lo que encuentran a su paso. Así, la pesca es la primera causa de mortalidad de focas (50 %) y de marsopas.

Asimismo, alrededor del 25 % de los peces se devuelve al mar porque es de pequeño tamaño. En total, el volumen de presas muertas que se devuelve al mar sería comparable al número de capturas. Otros tipos de redes, como las formadas por cañas flotantes representan también un peligro mortal. Como consecuencia de estas prácticas, la totalidad de las 16 especies de albatros conocidas están amenazadas, así como 29 especies de petreles. A pesar de ello, existen soluciones como redes equipadas con dispositivos que permitan escapar a los animales grandes, la prohibición de pesca en las zonas donde las capturas involuntarias son importantes, etc. Pero las empresas pesqueras son especialmente reacias a este tipo de medidas pues reducirán los beneficios.

Las tortugas marinas no sólo sufren los daños colaterales de la pesca industrial (muchas mueren en las redes) y la contaminación, sino que también son exterminadas por la caza furtiva.



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