Yerma


Yerma es una obra teatral escrita en 1934 por el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca. Fue estrenada el 29 de diciembre de ese año en el Teatro Español de Madrid (antiguo Teatro del Príncipe). Ha sido ampliamente representada, principalmente en teatro y cine, aunque otras obras de Lorca hayan tenido más difusión.

Algunos personajes principales

El personaje central de la obra es Yerma, cuyo apellido no se menciona, mujer obsesionada con la idea de tener hijos. No es casualidad su nombre, ya que “yerma” es el adjetivo que se utiliza para la tierra sin cultivar, que no ha dado frutos. Otros personajes son Juan, su esposo, que trabaja el campo y cría ovejas; y Víctor, otro pastor del pueblo, por el que Yerma sintió alguna vez atracción. Yerma tiene una amiga llamada María, que sí ha tenido un hijo, lo que hace que se sienta peor.

Casi todos los demás personajes aparecen sin nombre, como las muchachas del pueblo, las lavanderas, y algunas mujeres mayores a las que se refieren como “Viejas”. Incluso las hermanas de Juan, que tienen bastante presencia en la obra, aparecen sin nombre en la misma. Esto refuerza la atención hacia los personajes centrales.

Género de la obra

Yerma, en toda la línea, es una tragedia. El drama personal de Yerma abarca toda la temática de la obra, sin espacio para otras cuestiones. La ambientación rural contribuye a que el drama sea más intenso, ya las pasiones básicas de los personajes, y sus reacciones viscerales, resultan más creíbles. Lorca se ayuda mucho con los diálogos cortos y precisos, donde cada personaje expresa los que siente en el momento, sin agregar nada más.

Resumen del libro Yerma

Yerma es una joven casada con Juan, hombre que su padre escogió para que fuera su esposo. A pesar de la poca pasión en el matrimonio, Yerma respeta a su marido y cumple con lo que considera que son sus obligaciones como esposa. Espera con ansias tener hijos, ya que cree que con ello su vida será más llevadera y tendrá algún sentido. Su amiga María, que está embarazada, la anima y le dice que no pierda la fe, que los hijos ya vendrán. Pero las palabras de María no calman a Yerma en lo inmediato.

Juan, por su parte, es un hombre del campo, consagrado al trabajo. Pasa mucho tiempo en sus labores, para que no falte nada en su casa, ni a su esposa. Desea que su esposa pase el tiempo en su casa, y que lo atienda según se espera. Yerma, sin embargo, no se siente satisfecha, ya que no ha podido cumplir su anhelo de tener hijos. Habla con otras mujeres cuando le llevan comida a los hombres; también cuando están lavando en el río o buscando agua en la fuente. El tema recurrente de Yerma es su deseo no cumplido. Otras mujeres le hablan de esperar, o de buscar que la relación sea más apasionada. Yerma recuerda que lo más parecido a la pasión que ha sentido, ocurrió con Víctor, amigo de la infancia. Pero ahora no puede permitirse esas pasiones.

Como a Juan no le gusta que su esposa salga de casa, trae a la casa a sus dos hermanas. De ellas no se sabe mucho. Andan de acá para allá en la casa, siempre vestidas de luto y conversan poco. Con el paso del tiempo, el carácter de Yerma se hace más sombrío y la relación con Juan se deteriora. Una noche, Yerma sale a escondidas a la casa de una mujer llamada Dolores, donde lleva a cabo un ritual mágico para que se le conceda tener hijos. A punto de salir al clarear, Juan irrumpe en la vivienda y tiene una fuerte discusión con ella.

Posteriormente, tiene lugar una fiesta pueblerina, a la que acude la pareja. Yerma se encuentra con una vieja a la que conocía, y la anciana le indica que su falta de hijos es culpa de su marido. Le propone que abandone a Juan y se vaya a vivir con su hijo, con el cual sí podrá tener descendencia. A pasar de sentirse insatisfecha con Juan, Yerma tiene un fuerte sentido de la honra, y rechaza la propuesta. Juan ha estado oyendo la conversación sin que supieran, y reclama a su mujer la situación. Yerma se queja de su vida vacía y de la falta de hijos, en tanto que Juan le confiesa que no le importa eso, y que de hecho, prefiere la vida sin descendencia. Intenta abrazar y besar a su mujer, diciéndole que se resigne a una vida sin hijos, y en ese momento ella lo atrapa por el cuello hasta estrangularlo. Yerma termina diciendo que ahora sí podrá estar tranquila, aunque viva marchita.




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